Lunares con Alma

De nuevo tenemos que empezar dando las gracias, porque en la cena con La Forte volvimos a vivir la misma magia que en nuestro estreno!

Juntamos un patio de vecinas de categoría, que al igual que no dudaron en venir de lunarholicas, no dudaron en dejarse llevar y disfrutar la noche. Nos encantó escuchar a todas y cada una de las invitadas, cómo compartieron su cariño por Alma y sus experiencias, fueran anécdotas divertidas o dramax…porque en la vida hay de todo, y tal y como hace Alma en Instagram, contando lo bueno y lo malo, en nuestro patio particular se respiraba realidad a raudales. 

Todo esto ha sido posible gracias al gran equipo que nos acompañó: Sílvia, que aunque no estuviese presente en la cena, estuvo al pie del cañón organizando todo con nosotras, dejándose la piel para que todo fuese rodado. Sin ella no estaríamos aquí. Gracias a Mara @l_alqueriademara, su marido Jose Miguel y sus compañeras, por no dudar en ofrecernos su espacio y su calor. A Carlos y Vanesa @onecactusonelove , qué nos prepararon una decoración preciosa. A Emanuela @emanuela.gornati_chef, que nos preparó una cena deliciosa. A Rosa @cake_project_valencia, por sus postres crudiveganos tan ricos. A Paula @paulamorenofotografia, por estas fotografías tan bonitas que nos permitirán recordar siempre esta cena. A Juan @bodegasenguera y a Ana @cervezatyris por un vino y unas cervezas que no podían estar más buenas. Y por supuesto gracias a Alma @soylaforte, por hacerlo tan fácil, por ofrecernos toda la ayuda del mundo, por su generosidad en todo momento, eres GRANDE.

De nuevo muchísimas gracias a todas las invitadas por el ambiente tan bueno que se creó (tanto que un gran grupo de whatsapp da fe de ello!), y en este caso, además, una de vosotras ha querido compartir su experiencia, os la dejamos a continuación. Gracias Mireia!

Momento por fin de sentarse. Momento al fin de pasar a la acción, a la chicha, al quid de la cuestión. Acabábamos de saciar nuestro apetito con la comida de Emanuela, todo 100% comida real. Los seguidores de Carlos Ríos entenderán, pero vamos, lo que viene a ser un menú muy muy saludable. De esos que dan pereza solo de pensar en la de verduras que te tocaría pelar.

Pues bien,  estómagos llenos y chispitas en los ojos por el vino blanco, volvimos todas la cabeza al sofá. Con intención ahora de saciar nuestra sed de oír a la invitada especial.  soy La Forte “tra tra” cuyo nombre de pila, casi premonitorio, es Alma. 

(El tra tra, mis queridas vecinas, es porque ella tiene tanto arte como la mismísima Rosalía, a la que tanto admira) 

Recuerdo que fue empezar a escucharla y como que algo me descolocaba. Lo identifiqué rápido, era la perspectiva. Tan acostumbrada como estaba al formato de historia en instagram, a ese plano de cabecita flotante. Ahora tenerla allí en frente y poder verla en todo su esplendor “concentrado” (no es ningún secreto que a Alma le gustan los perros salchicha porque quiere las cosas a su tamaño) era un lujazo, pero tenía algo de inesperado.

Inesperado porque su forma de ser y expresarse es exactamente igual hable a través de una cámara a sus más de 95 mil seguidores o en petit comité al patio de vecinas que teníamos allí montado. Con esa gracia y salero innato. 

Fue inesperado porque a pesar de ser una persona que la mayoría de nosotras hemos conocido online, la palabra que más se repitió durante la cena fue naturalidad.

Naturalidad. Y entonces me puse a pensar lo contradictorio que aquello parecía.

¿Pero acaso conocer a alguien a través de las redes sociales es totalmente incompatible con autenticidad?

Un tema quizás demasiado extenso a debatir.

No sé si Alma con su franqueza es la norma, o la excepción a la regla. Si las vidas de las demás “influencers” son cuentos de hadas chinos o tienen la buena suerte que parece.

Sea como sea Alma es única, porque no es una influencer al uso y sus historias no salen siempre a las mil maravillas. Pero con que gracia lo cuenta, eso sí.

Te explica que se le ha estropeado la caldera y claro no te queda otra que reírte. Mientras, la pobre se ducha con agua fría. Pero lo cuenta de esa manera, dándote entre derecho y permiso para reírte de la pequeña desgracia ajena. 

De entretenimiento y de esos chutes de positivismo nunca vamos sobrados.

Anoche me di cuenta de lo necesario que es a veces desconectar del caos que es nuestro día a día, lo importante que son los círculos de apoyo, sentirte valorado pero sobre todo, sobre todo escuchado.

Cenas Adivina me parece justo la terapia perfecta para ello y en el ambiente en seguida lo intuyes. Te acogen. Eso sentí yo anoche en la terreta, aquí en Valencia.

Así a modo backstage (o generala cotilla) os contaré que la charleta empezó con oye… pues con alegría… Con el crack de una copa de vino tinto al estrellarse contra el suelo. Pero que tal y como sucede en las bodas judías fue un buen augurio porque al final todas nos fuimos de allí bien contentas.

Charramos hasta casi la una y media de la mañana de temas de lo más variopintos, pasando en un momento del nuevo sálvame banana a la mejora genética de berenjenas. Es lo que tienen las zumbers seguidoras de Alma.

Desvelamos conexiones inesperadas entre padres que resultaron ser compañeros de trabajo, peluquerías con novias en el día de su boda y algunas tenían contactos que nos llevaron hasta el mismísimo adonis Miguel Ángel Silvestre. Qué rápido volarían las plazas si algún día el muchacho resultara ser el invitado ¿verdad chicas?

Bueno y yo que nací golosa por excelencia y sin remedio, mi momento favorito fue cuando Yasmina y María sacaron las dos bandejitas de postre. Unas mini tartas congeladas veganas. Un gustazo de sabor… la frescura de la de jengibre y limón. Pero poco se habla de qué al estar bien fresquitas, oye, los dedos al terminar impecables. No me pringué ni un poquito con el chocolate y eso ya es decir. Como diría Alma, mis “dieses”.

Aprendí mucho desde mi rinconcito, observadora como siempre, y os voy a contar la conclusión a la que llegué. 

El movimiento realfooding lo está petando… Todo ese furor de abajo los ultraprocesados.

Pero ojalá aplicásemos esa misma filosofía en otros ámbitos. Se buscan personas reales. Cada vez más. Queremos gente de verdad con la que conectar y no alguien que nos venda la moto. Porque una cosa es mostrar tu mejor cara al natural, ser espontánea y otra bien distinta pasarte de edulcorada.

Y creo que lo primero que necesitamos para poder ser la mejor versión de nosotras mismas son ambientes como el de anoche, sin que nos juzguen y donde escuchen nuestra historia para entendernos y crecer(nos) entre todas.  

Millones de gracias!!!

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